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¡Y ahora sólo quiero reír!

25 mar

¿Cómo es eso de reír y llorar al mismo tiempo? ¡Ah sí…! Creo que lo llaman llorar de alegría. Pero no… no es eso exactamente lo que yo siento.

Ha pasado mucho tiempo… Aún tenía esperanza de maquillar un devastador 2011 con un fin de año de película la última vez que abrí este diario… ¿Lo conseguí? ¡Qué va! Superado el invierno y el primer cuarto del nuevo año sigo tan perdida como hace seis meses. Pero estoy feliz… No sé explicarlo… Por momentos mi vida se desmorona, pero mi cabeza presume de tranquilidad mental y mi corazón por fin sonríe ante la absurda realidad. ‘Si no puedes con el enemigo, únete a él’ y si no puedes olvidarlo, simplemente asúmelo y aprende a vivir, qué digo vivir… ¡aprende a disfrutar queriéndolo!

Han pasado tantas cosas estos meses… Buenas y malas… ¡Nos gusta la variedad experimental! ¿Lo más importante? He recuperado a dos amigos. A uno vuelvo a sentirlo parte de mi vida y me da miedo porque no fue fácil entender que nuestra amistad tenía que acabar. Y al otro… Al otro volví a perderlo casi con la misma velocidad que lo recuperé. Fallo mío o suyo… ¡qué más da! El caso es que AÚN no estábamos preparados para empezar a entendernos. Pero no me arrepiento de haber dado el primer paso (y el segundo, y el tercero…) porque frente a la ‘decepción’… ¡yo sólo quiero reír!

Y además está él… Un sueño maravilloso me dijo que la tormenta había pasado y que por fin, mi corazón estaba empezando a sanar… Había tocado fondo, había perdido totalmente la noción de mí misma y desde ese momento ya sólo podía subir… “Fuera paranoias, miedos e inseguridades”, me dije. “Él está ahí, lejos, pero ahí… Y tú le quieres. Tienes dos opciones: seguir torturándote porque las cosas no son, no pueden ser, como te gustaría, o aprender a REÍRTE de lo absurdo de esta estúpida situación”. Decidí optar por la segunda porque ahora… ¡ahora sólo quiero reír!

Y él volvió… Volvió para recordarme que los sueños pueden hacerse realidad. La sonrisa más bonita del mundo… Miro a mi lado y me parece verlo ahí sentado. Mirándome disimuladamente de reojo… Como si la cosa no fuera con él, como si no le importara que yo esté ahí. Y ríe, ríe ajeno a lo que yo siento cada vez que veo su sonrisa… La sonrisa más bonita del mundo.

Tan cerca, pero tan lejos… Bastaría levantar la mano para tocarlo, pero sé que no está a mí alcance. Y aún así soy feliz… Feliz por haberlo conocido. ¿Cómo es posible?, os preguntaréis… Creo que a veces basta con saber que existe para sentirse afortunada…

‘Más suerte’ de Second.

Subconsciente traicionero

28 oct

Echo de menos a las chicas. Sí, ya sé que sólo hace dos semanas que no las veo, pero se me han hecho larguísimas. Han ocurrido tantas cosas en este tiempo, que tengo la sensación de que ha pasado toda una vida.

Son apenas quince días es verdad, pero tan cargados de altibajos que estas dos semanas han dejado en cuadro mi espíritu. Y lo peor (o lo mejor según se mire) es que esto no ha sido más que ‘el principio del fin’. Me esperan unos meses clave en los que sé que no puedo permitirme bajar la guardia. Un final de año apoteósico en el que mi mente y mi cuerpo deben estar alerta para conseguir mejorar un 2011 devastador.

Digamos que preveo que, en los dos próximos meses, me sentiré como si la feria de las emociones se hubiera instalado indefinidamente en mi interior con el carrusel de las sensaciones y la noria de las contradicciones como atracciones estrella.

Ese carrusel que agite violentamente mi autoestima hasta dejar mi corazón herido para el arrastre, y esa noria de las contradicciones en la que la euforia desmedida de una buena noticia siempre palidecerá ante ese inevitable PERO que me devuelva al subsuelo de los miedos y las inseguridades. ¿Por qué siempre tiene que haber un PERO? ¿Quién invento esa condenada conjunción adversativa que destruye nuestras ilusiones sin contemplaciones?

Sea como fuere, lo cierto es que este torrente de emociones que es hoy mi vida me tiene sorbido el seso por completo. Tengo tantas cosas importantes (para mí) en la mente que apenas queda espacio para preocuparme por esas pequeñas cosas que siempre me hicieron feliz. Mis amigas por ejemplo.

¿Qué hacer para escapar de esta tortura? ¿Dejar la mente en blanco para liberarla de este estrés? ¡Imposible! ¿Alcanzar ese nirvana de calma total y absoluta que te renueva por dentro? ¡Una utopía! Ni siquiera el sueño consigue liberarme temporalmente de mis preocupaciones… ¡Maldito subconsciente traicionero!

Aún no son las 7 de la mañana y aquí estoy, bolígrafo en mano, dándole vueltas a mi vida sobre una página en blanco de mi diario con la esperanza de que la reflexión lo haga todo más fácil. Pero lo cierto es que, más allá del fundamental componente de liberación para mi mente saturada, esto no sirve para nada. Salir a la calle cada mañana con ilusión y ganas de disfrutar con lo que haces es lo que de verdad importa.Así que, es hora de abandonar el envolvente y cálido abrigo de las mantas y salir ahí fuera a comerme el mundo. Hoy va a ser un día muy largo y yo me siento rockera… 

Con la mirada perdida en la lejanía y una sonrisa de idiota ante esta tonta afirmación que me acabo de hacer a mí misma, descubro de repente ese precioso chaleco de pelo que aún no he estrenado. Hace tiempo que lo compré, pero no encontré el momento de perderme en la suave calidez de su abrazo. ¡Maldito calentamiento global!

Miro de reojo a la ventana, y en la penumbra de la madrugada advierto que hoy es el día… ¡ya ha empezado a refrescar! Pero… ¿cómo lo combino? Parece una estupidez, pero a veces la mayor banalidad del planeta se convierte en la mejor vía de escape… ¡De repente ya no pienso en lo que se me viene encima!

Por fin salgo de la cama, y un simple vistazo rápido a mi armario me basta para tenerlo muy claro: folk a ritmo de rock&roll.

Camisa lazo de Topshop, botas moteras de Zara, brazalete serpiente de Stradivarius, pantalón pitillo negro de Blanco, chaleco de pelo corto de Topshop y clutch con tachas de Stradivarius.

Necesito un look cómodo y escojo una base relativamente formal, pero muy femenina… ¡Me encanta ese toque lady años 50 de la lazada de esta blusa! Además, me va a quedar genial con mi nuevo chaleco yeti… Un outfit de inspiración folk ideal al que sólo le falta ese pequeño detalle rock: ¡mis botas moteras con hebilla! Está muy claro… ¡hoy seré una mujer de pelo en pecho!

 

Dudas…

14 oct

Por fin entiendo de verdad el significado de la expresión ‘un mar de dudas’ porque así es como me siento yo, zarandeada por el oleaje de la indecisión en busca de un puerto en el que atracar el barco de mi vida.

‘De lao a lao’, sin saber qué es de verdad lo mejor para mí. Con un corazón que me dice “sigue adelante, vas por el buen camino”, y una mente traicionera que me recuerda que “esto no es vida”. ¿Por qué ilusión y realidad nunca fueron compatibles?

Derribado el mito de la relación ideal con la ruptura de la pareja perfecta, Alejandra, Mini y yo nos sumamos al dolor de Paula con la absurda decepción de sentir que se ha apagado por fin la luz al final del túnel de la esperanza para cuatro románticas empedernidas como nosotras. Con la única certeza de que nosotras, y sólo nosotras, somos el verdadero pilar de nuestras vidas. La pared maestra de una amistad tan real como la vida misma.

Se podría decir que, después de muchos altibajos, quizás demasiados, volvemos a estar nosotras solas. Las chicas solas. Se dice que ‘quien tiene un amigo tiene un tesoro’, ¿no? En ese caso, puedo y debo afirmar que tengo en mi poder las joyas de la corona, el anillo único que declaró la guerra en Tierra Media, la fórmula secreta de la Coca-Cola, el elixir de la eterna juventud o en definitiva, las mejores amigas que una podría tener en un mundo imperfecto como este.

Así, en plena exaltación de la amistad y del apoyo que unas a otras nos brindamos para capear el temporal, yo me encuentro en la peor crisis de identidad jamás contada. Cada día intento convencerme de que no es más que una mala época. El fruto del caos de confusión que atrapa a cualquiera que se encuentre en ese punto clave de reafirmación adulta. Esa etapa de transición en la que, totalmente absorta en la búsqueda de mi lugar en el mundo y ese ‘algo especial’ que me convierta en una persona excepcional, me he olvidado de mis sentimientos.

Pero ellos están ahí, tan vivos como siempre, y no hay crisis laboral de madurez, o inmadurez, que me haga olvidar que necesito la pasión de un amor devastador que haga tambalear los cimientos de mi vida hasta convertirse en la razón de mi locura y el sostén de mi cordura.

Después de todo este tiempo y tantos desprecios, sigo sintiendo los besos y las caricias de su amor inconveniente a flor de piel. ¿Será que me estoy volviendo loca o es que me siento vacía sin ese ‘alguien especial’ que me complete?

Sea como fuere, lo cierto es que me encuentro nadando entre dos aguas. A contracorriente entre el YO racional que reclama estabilidad, y ese otro YO emocional que domina mi vida y se alimenta de pasiones, miedos e ilusiones. Me debato entre el pánico a luchar por mis sueños y perder la ilusión sumida en la frustración del fracaso, y el terror a dejarme arrastrar por la insustancial monotonía de una más que conveniente existencia sin sobresaltos. Ya no hay ninguna duda… ¡Está claro que me va la marcha!

Así, ensimismada en esta tonta reflexión y sumergida en el inmenso océano de la incertidumbre, me preparo para seguir persiguiendo un sueño. Una ilusión que sólo el tiempo podrá convertir en una realidad. De momento, no puedo rendirme. Se lo debo a todos aquellos que una vez creyeron en mí, pero sobre todo, me lo debo a mí misma.

No sé qué será de mí mañana, pero siento que ya nada volverá a ser como antes porque yo misma he cambiado. Y tan hundida estoy en este mar de dudas que ni siquiera sé si esto es lo que quiero, lo que necesito, lo que sueño… Lo que anhelo. ¡Maldita naufraga de la indecisión!

Nunca es oro todo lo que reluce

7 oct

Cinco años de relación al garete y en sólo 30 minutos. Esas son las palabras que Paula se repetía una y otra vez desde que pilló a su novio en la cama con la vecina del primero. Esa Barbie rubia despampanante de medidas perfectas que protagoniza las fantasías más perversas de cualquier hombre heterosexual sano de entre 15 y 65 años.

Sí, huele a topicazo que apesta, pero ya bastante duro es asumir una infidelidad como para encima preocuparse por el qué dirán. Así que, qué más da el quién, el cómo, el cuándo, el dónde y el por qué si lo que de verdad importa es que el qué ya no tiene solución.

Y es que la de Javier y Paula era la relación perfecta. Tan guapos, tan inteligentes, tan divinos los dos… Una auténtica pareja de revista. Se conocieron en la universidad, en medio de un pequeño conflicto de turnos en la copistería, y desde ese momento supieron que estaban hechos para estar juntos.

Ella, ejecutiva de cuentas en una agencia de publicidad, él, abogado de éxito con bufete propio. Un ático de lujo en el centro de la ciudad, paella los domingos en el chalet de los suegros, vacaciones de Navidad en la nieve, paseos al atardecer en el velero de papá… ¿Se puede pedir más a la vida? Pues sí, fidelidad y un poco de respeto a una relación que ya iba camino de la vicaría y anticipaba una boda de cuento de hadas.

Pero como ‘no es oro todo lo que reluce’, la pareja perfecta estaba tan rota como el corazón de Paula que llevaba tres días en pijama, llorando las penas frente al televisor y con una enorme tarrina de Häagen Dazs entre las manos. Topicazo al canto… ¡y ya van dos!

Después de 15 llamadas perdidas, 8 mensajes al móvil sin contestar y una más que meditada estrategia de acoso y derribo vía WhatsApp que tampoco obtuvo respuesta, ya no sabía qué hacer para sacar a una de mis mejores amigas de ese peligroso ‘triángulo de las bermudas’ de llanto y desesperación del que no conseguía salir desde que Javier cogió la maleta y salió de casa dando un portazo.

Siendo más que consciente de que no había nada que pudiera decir para consolarla, pensé que lo mejor era pasar al plan B: terapia de choque y una larga tarde de chicas. Así que, después de una hora pasando páginas de un libro al que no conseguía prestar atención, decidí pasar a la acción y salir de casa para poner en marcha la misión ‘salvar a mi amiga Paula’.

No había tiempo para pensar, así que sin darle más vueltas, me lancé a por ese mini vestido rosa palo de corte babydoll que compré en H&M y que todavía no había sacado de la bolsa que colgaba del perchero. Sabía que iba a ser una tarde muy pero que muy larga, y no había ninguna duda, mis nuevas y comodísimas botas Paco Herrero eran ideales para disfrutar la ciudad a fondo.

Cazadora vaquera lavada de Topshop, pañuelo con estampado floral y pasamanería de Blanco, vestido de H&M, borsalino con hebilla de Stradivarius, maxi sobre pitón de Zara, bota de caña alta con detalle trasero de cordones de Paco Herrero y colgante vintage de Blanco.

Parada frente al espejo, mientras arrancaba con mucho cuidado la etiqueta del vestido, me di cuenta de que no había tenido tiempo de lavarme el pelo y pensé que una trenza informal de lado y mi borsalino tostado eran la mejor opción para disimular mi descuido. Eché un vistazo rápido a la habitación… pero, ¿dónde narices está mi sombrero? Siempre lo dejo en el perchero… Debe de haberse caído detrás del sillón.

Mientras me lanzaba en plan kamikaze contra el sillón en busca y captura del borsalino perdido, aproveche para asomarme a la ventana y ver qué tiempo hacía en el exterior. Era principios de octubre y aunque a las cinco y media de la tarde todavía hacía calor, por la noche refrescaba y como no tenía intención de volver a casa antes de mañana, cogí mi cazadora vaquera, un pañuelo estampado de flores para el cuello, mi bolso maxi sobre de pitón y salí disparada hacia la puerta. Pero antes tirarme a la calle en misión especial, sentí que me faltaba algo… ¡Eso es! Ese precioso colgante de inspiración vintage que Paula me regaló y que tanto me gusta. Ahora sí, ya estaba lista, en modo salvadora y convencidísima de que no había nada que una tarde de shopping, un poco de inocente cotilleo entre amigas, un café y una deliciosa cupcake de Las Manolitas no pudieran arreglar.

Son sueños…

30 sep

Es increíble cómo, de un día para otro, una puede pasar de comerse el mundo, a sentir que éste la devora ferozmente.

Nadie dijo que cumplir un sueño fuera fácil, pero… ¿de verdad hace falta sufrir tanto? Puede que, precisamente eso sea lo bonito de los sueños, que cuánto más cuesta alcanzarlos, más se disfruta del éxito después. Pero, ¿y si nuestros sueños nunca se convierten en una realidad?

‘Son sueños’ de El Canto del Loco.

Quizás sea el esfuerzo el que los convierte en sueños de verdad, y no en un capricho más, una simple moda pasajera. Si todo fuera tan sencillo como enamorarte de ese vestido del escaparate, entrar y comprártelo pensando que no podría ser más perfecto, aunque eres consciente de que pronto volverás a sentir lo mismo por otro que poco o nada tenga que ver con el primero. Pero lo cierto es que no hay tarjeta de crédito que valga para conseguir la vida que uno quiere.

A veces me levanto pensando que el idealismo compulsivo es un estado mental poco recomendable para una persona con ilusiones porque la frustración de no alcanzar tus metas puede ser devastadora para la autoestima. Sin embargo, ¿qué sería nuestra vida sin sueños? Un mero trámite, un monótono y aburrido viaje con destino a un mismo final para todos.

La vida es eso que pasa mientras haces otros planes’, míticas palabras del gran John Lennon que todos nos hemos repetido alguna vez para ahuyentar los pensamientos negativos derivados del fracaso. ¿No será verdad que nos obsesionamos tanto con conseguir una vida perfecta que de repente dejamos de vivirla y disfrutarla para hundirnos en nuestra propia frustración?

El caso es que, para bien o para mal, todos necesitamos metas en nuestra vida: conseguir el trabajo de tus sueños, encontrar al príncipe azul, perder esos malditos cinco kilos que te sobran… No importa lo estúpidos que sean los objetivos porque deben estar ahí para romper la linealidad de una vida sin altibajos. ¿Qué sería nuestra vida sin esas pequeñas ilusiones que nos dan fuerzas para seguir cada día?

Y la esperanza… Esa peligrosa droga que nos embriaga en ese delirio de fe ciega que nos hace sentir capaces de todo. Los auténticos reyes del mundo… Pero ¿qué pasaría si de repente un día nos diéramos cuenta de que nuestros sueños son inalcanzables? Que ese trabajo no es para ti, que es imposible adelgazar sin dejar de comer chocolate y que ese chico jamás se fijará en ti o que simplemente, el hombre perfecto no existe. Qué más da, si un objetivo fallido siempre dará lugar a una nueva ilusión. Al fin y al cabo, dicen que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?

¿Y cuando lo tienes todo? ¿Qué te queda cuando ya has conseguido todo aquello que algún día soñaste tener y aún así no te sientes completa? ¿Qué pasaría si un día te levantases sabiendo que ya no eres tan feliz?

 

De moda y otros cuentos…

29 sep

Si me preguntan por qué me hice periodista, no dudaré un segundo en dar mi razón: me gusta escribir. No, no me gusta, me encanta, me apasiona, me divierte, me relaja y sobre todo, me permite decir todo aquello que no puedo gritar.

Es por ello que, en un burdo intento por liberar tensiones, he decidido crear DE MODA Y OTROS CUENTOS, mi pequeño universo de liberación en el que reflexionar conmigo misma sobre los misterios de la vida. Algo así como un diario de ficción en el que evadirme de mi realidad, o implicarme más en ella quizás, a través del relato de las vivencias de un personaje que todo, poco o nada tiene que ver conmigo.

Y no es que es que de repente me crea escritora ni nada por el estilo. Respeto mucho el trabajo de los que de verdad tienen ese don para contar historias y no pretendo presumir de títulos que no me pertenecen. No soy más que una loca que necesita desahogarse y no ha encontrado una mejor manera de hacerlo (el gimnasio no me funcionó…).

Mañana el primer capítulo… ¡Espero que os guste!

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